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Los niños que hacen ejercicio en una piscina escolar fortalecen y tonifican los músculos de forma gradual. Además, al trabajarlos, también se van haciendo más flexibles.
Nadar es un ejercicio que, además de ayudar a ejercitarse, también favorece la alineación del cuerpo, lo que contribuye a mejorar la postura de los niños.
La piscina escolar es una actividad que requiere que todo nuestro cuerpo se coordine y trabaje en conjunto: desde los músculos de manos, brazos y piernas para poder mantenerse a flote y movernos dentro del agua, hasta el ritmo de la respiración y el sentido de la vista y el oído, para estar atentos a nuestro entorno y saber a dónde debemos dirigirnos.
Aprender a nadar es una piscina escolar es algo que lleva tiempo y, conforme van logrando más cosas y mejorando su técnica, los niños aumentan su autoestima y confianza en sí mismos.
Cuando nadamos, debemos estar totalmente enfocados y atentos a los movimientos del cuerpo, coordinando cada uno de ellos al mismo tiempo que controlamos la respiración, lo que favorece la concentración y, por lo tanto, beneficia también otros aspectos de la vida de los niños, como su desempeño escolar.
Como muchas otras actividades físicas o ejercicios, la piscina escolar ayuda a atenuar el estrés o preocupaciones que podamos sentir al liberar endorfinas, lo que mejora el estado de ánimo de los niños.
La sensación de estar flotando y nadando en el agua es, sin duda, una de las más relajantes. Por ello, esta actividad también ayuda a reducir los niveles de estrés en los niños, beneficiando su salud mental.
Finalmente y como en cualquier deporte, el esfuerzo realizado durante el día al momento de nadar ayuda a que, a la hora de dormir, los niños logren conciliar mejor el sueño.




