inteligenciaemocional
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El Colegio Internacional Alminar apuesta claramente, en su proyecto educativo, por aprender a través de la inteligencia emocional.

«El cerebro sólo aprende si hay emoción», que «muy poco se puede enseñar y aprender bien si no está mediado por la emoción»

Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, y catedrático de Fisiología.

Estas citas pueden resumir perfectamente el objetivo de nuestro colegio a través de la inteligencia emocional. Nuestro centro educativo enfoca su proyecto educativo desde la competencia emocional. Es decir, a través de la capacidad de reconocer, aceptar y canalizar nuestras emociones para dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, lograrlos y compartirlos con los demás.

Aceptar que somos seres emocionales y que necesitamos conocer y gestionar adecuadamente nuestras emociones para, como afirma Alberto Ortega, “arrebatarle las riendas a tus interpretaciones y sentimientos, especialmente de aquellos que te alejan de donde quieres estar, y convertirte en protagonista de tu propia historia, líder de tu vida y capitán de tu destino”.

¿Cómo se puede desarrollar la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional puede desarrollarse a través de lo que se denomina educación emocional, y es que no solo es importante la inteligencia tal y como la conocemos y que viene a decir cuánto sabe una persona, sino que igual de importante es poseer inteligencia emocional. De hecho, puede darse el caso de que conozcamos a una persona que es muy inteligente pero que en el plano emocional tenga dificultades y viceversa, una persona no tan brillante a nivel intelectual pero que a nivel emocional tenga una vida plena y satisfactoria.

Pero ¿en qué consiste la educación emocional?. La educación o estimulación emocional se entiende como un  “proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral” (Bisquerra, 2000).

Entre los objetivos de la educación emocional pueden encontrarse aspectos como desarrollar un mejor conocimiento de las propias emociones, aprender a identificar adecuadamente las emociones tanto propias como ajenas, aprender a regularlas, o comprender el significado de esas emociones, entre otros muchos. Todo ello puede ayudar, además, al desarrollo de relaciones sociales más satisfactorias y repercutir en una mejora del bienestar general.