Estimadas familias:

Cuando en abril de 1980 llegué al Colegio Alminar para cubrir una sustitución temporal, no tenía la menor intención de dedicarme a la enseñanza. La enseñanza era para mí entonces un medio que me permitía proyectar mi vida profesional por otros derroteros. Con el resguardo del título de Licenciado en Filología Hispánica en el bolsillo, la tesis de Licenciatura casi acabada y la solicitud de una beca de investigación en el Departamento de Lengua de la Universidad de Sevilla, estaba a la espera de que saliera a “concurso” la deseada ayudantía para soñar con un futuro entregado a la investigación en Lingüística teórica.

Pero alguien ha dicho algo así como que la vida es lo que pasa mientras uno hace planes. Y en junio de ese mismo año el entonces Director del Colegio, don José María Madrazo, me propuso quedarme como profesor de Lengua de “los mayores” con media jornada. Tiempo después supe que en esa decisión tuvo mucho que ver alguien que sería amigo y compañero en las tareas educativas durante los siguientes 28 años, don José Rafael González Arenas, Pepe (cariñosamente, “don Pepe” para sus alumnos), Director del Colegio en los tres últimos cursos.

Ni que decir tiene que acepté. El empleo suponía unos ingresos estables, más que las caprichosas clases particulares, y no perturbaba mis propósitos, pues la media jornada en el colegio me permitía trabajar en el Departamento por las tardes.

Y llegó la beca de investigación, y me publicaron la tesis de Licenciatura y un par de años más tarde se presentó la deseada oportunidad de la ayudantía. Pero en ese tiempo, en contacto con los chicos del COU, los jóvenes de 1º de BUP y los adolescentes de 7º y 8º, había ido creciendo en mí algo que hasta entonces desconocía: la vocación por la enseñanza. Rechacé la ayudantía y solicité jornada completa en el Colegio.

Con el tiempo, a finales de los 80, volví al Departamento de Lengua, pero no para retomar mis primeras aspiraciones, sino para trabajar en tareas de didáctica de la Lengua: fui llamado por don Pedro Carbonero Cano, que había sido profesor mío en los últimos años de la carrera, para formar parte de la ponencia de coordinación de selectividad dirigida por él mismo, y participé en la redacción y publicación de un libro, “Lengua Española”, que se constituyó en el manual por antonomasia del profesor de Lengua de COU (y aun del actual 2º de Bachillerato) en la Comunidad Andaluza.

Mi trayectoria profesional se ha desarrollado íntegramente en el ámbito de la enseñanza. Incluso el gusanillo de la investigación se ha derivado hacia ese terreno. Muestra de ello son dos de los trabajos de los que más orgulloso me siento. El primero de ellos es un estudio de los modelos de lectoescritura inicial, que realicé a principios de los 90 en colaboración con profesoras de Primaria del Colegio, entre ellas, Carmina, hasta el pasado curso coordinadora de Educación Infantil. Ese trabajo se tituló “A partir de los usos que los niños y las niñas traen a la escuela” y fundamentó el método con el que aún hoy seguimos enseñando a leer y a escribir en el Colegio. Tuve el honor de presentarlo en diversos congresos de profesores (Madrid, Huelva, Sevilla) y se publicó resumido en las Actas de los mismos.

El segundo trabajo, titulado “Escribir el libro de Sociales en clase” y realizado en colaboración con la señorita María Dolores, ganó el primer premio de experiencias didácticas en el área de Humanidades concedido a nivel nacional por el ilustre Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid.

Siempre he trabajado en Alminar, donde he sido profesor, tutor, jefe del Departamento de Lengua, coordinador de Primaria y Secretario técnico. Siempre me ha gustado promover y organizar actividades culturales de lo más variado (revista escolar, teatro, música, literatura… ¡Incluso un concurso de repostería!), para lo que he contado con la inestimable y decisiva colaboración de nuestra entrañable Nené. Mi hijo Álvaro ha estudiado en el Colegio desde 1º de Primaria hasta 2º de Bachillerato. Mis mejores amigos y amigas están en Alminar. En Alminar ha transcurrido toda mi vida laboral y más del 50 % de mi vida personal. Aquí nací y crecí como profesor y educador.

He vivido la evolución del Colegio durante estos 28 años y me siento orgulloso de haber tenido la oportunidad de participar, y seguir participando, en este proyecto que ha de progresar para adaptarse a los nuevos contextos, a las nuevas tendencias educativas de acuerdo con la actual legislación, a los requerimientos de la comunidad educativa, que ha de mirar hacia el futuro, sin dejar de ser “fiel a su ideario y planteamientos educativos”, como acertadamente señala en su carta don José Rafael González Arenas.

Agradezco a la titularidad su confianza al ofrecerme la oportunidad de dirigir este hermoso proyecto educativo, que no sería capaz de afrontar con ilusión si no estuviera respaldado por el magnífico conjunto de profesionales que constituyen los diferentes equipos educativos del Colegio.

Alberto Costa Olid
Director

 
 
 

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